8 de octubre de 2014

Setas y Rolex: #24h en Bilbao

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Yo te lo di todo; el katxi, el pincho, el corazón

t√ļ me entregas la ira de una mirada esquiva

Satr√ļstegui

 

Hoy inauguramos una peque√Īa secci√≥n en el blog: #24h.

En ella tratar√© de ir escribiendo con cierta periodicidad “gu√≠as” de 24 horas sobre mis ciudades favoritas. Y entrecomillo lo de “gu√≠as” porque no se tratar√° de rutas tur√≠sticas al uso (soy demasiado ca√≥tico para hacer algo as√≠ con un m√≠nimo de √©xito) sino m√°s bien ser√°n “recorridos sentimentales” (ojocuidado que me pongo intenso) por rincones que me gustan y a los que siempre vuelvo.

Ya saben: d√≥nde encontrar una librer√≠a con encanto. A qu√© bar ir para tomar un buen Bloody Mary. Un local con buena m√ļsica en directo. Un sitio donde desayunar.

Hoy empezaremos por donde empezó todo, el universo incluido: Bilbao.

 

Muchas veces escucho que Bilbao es una ciudad gris, industrial y fea. Como si fuera la hermana poco agraciada de San Sebasti√°n, la reina del baile de fin de curso. Y yo siempre me levanto en√©rgicamente y digo: ¬°SANDECES! ¬°FRUSLER√ćAS! (soy muy de emplear expresiones en desuso cuando me indigno).

Hay tres ciudades de las que me molesta particularmente que se hable mal en mi presencia:

  1. Roma: no, no se cae a pedazos.
  2. Lisboa: no, no es sucia.
  3. Bilbao: no, no es fea.

Como en mi DNI pone que soy santanderino, parece que estoy obligado a decir a todo con el que me cruzo que Bilbao es una ciudad fea. Que si es gris. Que si nos robaron el Guggenheim a √ļltima hora. Que si no tienen playas bonitas. Pero lo cierto es que, y a√ļn a riesgo de que me tilden de traidor, me encanta Bilbao. Soy feliz cual cerdo en un barrizal cuando alg√ļn amigo me riega con alguna sustancia de graduaci√≥n alcoh√≥lica e inexplicablemente pegajosa mientras bailamos al son de¬†Badator Marijaia y finjo que me s√© la letra. Siempre ser√° una ciudad algo m√°gica para m√≠, ¬†esa ciudad en la que trabajaba mi padre, de donde iba y ven√≠a y me tra√≠a pasteles de arroz y soldaditos de plomo de indios y vaqueros para jugar con √©l en el pasillo. Y me encanta as√≠. Con su cielo gris, su arquitectura gris y la arena gris de su plaza de toros. Con sus chicas elegantes e inaccesibles paseando por la Gran V√≠a y mir√°ndome con indiferencia. Bilbao siempre ser√° para m√≠ esa ciudad del chiste de las setas y los rolex que me hac√≠a llorar de risa. La ciudad de mis indios y vaqueros de plomo.

 

07:30

Aterrizo en Bilbao. Mi avi√≥n ha salido de Madrid a las o6:30 de la ma√Īana. Casi me da un ictus al sonar el despertador.

A pesar de que ha sido duramente criticado, el aeropuerto de Bilbao es uno de mis favoritos ya que era desde donde viajaba al extranjero en aquellos veranos de ni√Īo. Mucho se habla del primer beso y del primer amor, the first cut is the deepest y todo ese rollo, pero yo creo que lo que realmente te cambia es ese primer viaje que haces solo fuera de Espa√Īa. Aquellos viajes para aprender ingl√©s que se te antojaban como aut√©nticas expediciones espaciales. El aeropuerto de La Paloma, tan acalatravado √©l, es un poco todo esto para m√≠.

07:45

Recojo mi maleta. Tengo que mandar un art√≠culo urgentemente as√≠ que abro mi ordenador en una cafeter√≠a del aeropuerto. No me funciona el WiFi. ¬ŅSoy el √ļnico al que jam√°s le funciona el WiFi en los aeropuertos? Pido un caf√© con leche y un pincho. Intento pagar con tarjeta pero no me funciona. Amago de infarto y ataque de p√°nico. El √ļnico cajero que veo alrededor es uno del Santander. Soy de Santander y tengo mi dinero en el Banco Bilbao Vizcaya y cuando llego a Bilbao me cobran comisi√≥n al sacar dinero de un Santander. No me digan que la vida no tiene un sentido del humor algo ir√≥nico.

08:00

Me subo a un taxi y me dedico a hablar con el taxista sobre el Athletic de Bilbao. Nada me gusta m√°s cuando llego a una ciudad que dar la brasa a los taxistas y camareros sobre la situaci√≥n del equipo de f√ļtbol local. Me dice que hay que echar a Valverde y traer a Clemente antes de Navidad. Me tranquiliza comprobar que el esp√≠ritu autodestructivo no es un rasgo exclusivo del Real Madrid.

Hablamos del nuevo San Mamés. Me dice que está precioso cuando se ilumina por la noche. Le recomiendo Un soviético en La Catedral, el nuevo libro de Hooligans Ilustrados. Pago y me voy.

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08:30

Me tomo un segundo caf√© en un bar del Casco Viejo, mi zona favorita de Bilbao. Me gusta escuchar ¬†a primera hora de la ma√Īana c√≥mo se despereza la ciudad mientras van abriendo las pescader√≠as y levant√°ndose las persianas de sus famosas 7 calles (me las s√© de carrerilla, como una alineaci√≥n de f√ļtbol:¬†Somera,¬†Artecalle,¬†Tender√≠a,¬†Belosticalle,¬†Carnicer√≠a Vieja,¬†Barrencalle y¬†Barrencalle Barrena). Y me acuerdo de un poema de Karmelo C. Iribarren:

Las calles recién regadas

el aire fresco,

limpio,

el olor a cruasán de las cafeterías,

la locura de los p√°jaros…

Como si la vida 

te dijese:

Mira, aquí me tienes,

vuelve a intentarlo.

Pido prestado El Correo para leer a Pablo Martínez Zarracina, uno de mis periodistas favoritos y autor de dos libros imprescindibles para conocer Bilbao (y de donde he robado vilmente la frase de apertura de este post): Bilbao Inédito y Resaca crónica. Un talentazo de escritor.

Se me cae el café encima del periódico. Me mira mal la chica que está tras el mostrador. Siempre haciendo amigos allá donde voy.

10:00

Paseo muy agradable por la ría hasta el Guggenheim.  Voy escuchando (Never stop building) that old space rocket de Danny & The Champions Of The World.

Me fijo en un cartel de un festival que hay a finales de octubre: el¬†Bime¬†con¬†The National, The Kooks, Macy Gray y ¬°¬°Billy Bragg!! ¬ŅPor qu√© nadie me hab√≠a avisado de esto?

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10:28

Me detengo entre las patas de la ara√Īa gigante. Cuando la gente pasa por el Guggenheim siempre se hace una foto con Puppy, el perrazo enorme que hay en la entrada. Bien, he de confesar que a m√≠ no me entusiasma. Lo siento, Puppy. Pero es que me recuerda a una versi√≥n mastod√≥ntica de un perro cursi e insoportable que ten√≠a una compa√Īera del colegio igualmente cursi e insoportable. En cambio, me encanta la ara√Īa gigante. Lo que no mucha gente sabe es que se llama ‚ÄúMam√°‚ÄĚ. Por lo visto, se trata de un homenaje de la escultora Louise de Bourgeois a su madre, sufrida tejedora. Aunque suene algo raro y turbio, me parece una met√°fora preciosa. Y mucho m√°s interesante que el perro elefanti√°sico ese.

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11:00

Entro en el Guggenheim. Cojo una de esas audiogu√≠as aunque me parezcan para turistas sexagenarios con pantalones cortos y calcetines blancos. Y alucino nada m√°s entrar con¬†The Visitors. En serio. Me vuela la cabeza. Es de las obras m√°s originales y bonitas que he visto nunca en un museo: 9 m√ļsicos tocando al un√≠sono una canci√≥n durante una hora y cada uno grabado en habitaciones separadas dentro de una impresionante y decadente casa dieciochesca en Nueva York.

Vayan a verla. De verdad

(No tengo muy claro que compartir este vídeo algo clandestino que me he encontrado por Youtube sea algo del todo legal pero lo hago, nunca mejor dicho, por amor al arte)

12:30

Avituallamiento y descanso en “La Campa de los Ingleses”, una terraza muy agradable enfrente del Guggenheim. Por las tardes hay jazz en directo. No es el t√≠pico sitio atrapaturistas. Con este ya es el tercer caf√© del d√≠a. As√≠ vivimos las estrellas de rock: siempre al filo de la navaja.

12:45

Me doy una vuelta por el muy bonito Hotel Domine, enfrente del Guggenheim, dise√Īado por Javier Mariscal, el padre de Cobi. Hace no mucho Miguelito y Gistau me recordaron la existencia de la entra√Īable Petra, la amiga de Cobi y mascota de los juegos paral√≠mpicos de Barcelona 92. Hoy en d√≠a ser√≠a algo del todo impensable dibujar una mascota as√≠.

Por cierto, si les gustan los dibujos de Mariscal (y a√ļn recuerdan con cari√Īo a Petra y a Cobi), vean “Chico y Rita”, una pel√≠cula que hizo a cuatro manos con Fernando Trueba.

13:15

Hora del aperitivo. Marianito y gilda. Cuidado que el marianito lo carga el diablo. Creo que podría alimentarme exclusivamente de gildas durante el resto de mi vida. Mis favoritas son las del bar Okela, en la calle García Rivero, muy animada siempre para tomar pinchos.

13:30

Un par de ostras en El Puertito, un sitio diminuto, decorado como si fuera el interior de un barco de madera, que solo vende ostras. Imprescindible. Es que no me gustan las ostras: eso es porque no las has tomado en un sitio as√≠, cr√©eme. Es que a mi madre una vez le sentaron fatal: eso ocurri√≥ hace 15 a√Īos.

A pesar de mi reticencia inicial a aderezarlas con nada (tengo una guerra abierta con la gente que exprime lim√≥n encima de ¬†cualquier cosa proveniente del mar), me convencen para tomarlas con una √ļnica gota de lim√≥n. Una sola. Una. UNA. Y luego con tabasco. Y con una salsa picante.

Baratísimo, muy simpáticos y realmente bueno. Parada obligatoria.

 

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14:00

Pinchos en el Gaztandegi (el paraíso para los amantes del queso) y el El Huevo Frito (al que suelo ir siempre con mis amigos durante la Semana Grande de Bilbao).

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16:00

Me pido un café. Sí, estoy loco.

17:00

Compro una caja de pasteles de arroz en la pasteler√≠a Zuricalday. El pastel de arroz es un postre muy t√≠pico de Bilbao y cuando lo pruebas por primera vez piensas: ¬®¬ŅD√≥nde has estado escondido todo este tiempo, maldito pastel de arroz?‚ÄĚ. Cuando era mi santo o sacaba alguna buena nota, mi padre tra√≠a pasteles de arroz, una deliciosa bomba cal√≥rica equivalente a unas 400 clases de spinning.

Elijo uno. Doy un mordisco. Sabe a aprobado raspado en dibujo técnico (mi pesadilla académica).

18:00

Voy dando un paseo por el Casco Viejo. Me compro un álbum de cromos de Panini de la NBA de 1990, una auténtica joya para coleccionistas, que veo en el escaparate de una interesante y diminuta tienda de libros descatalogados llamada Outlet Exlibris, en la Plaza Nueva. También voy a la tienda de latas de conservas en la calle Barrenkale. Como buen soltero, las latas de conservas forman una parte crucial en mi pirámide alimenticia. A veces pienso que me alimento igual que un marinero en alta mar. Aquí hay una variedad espectacular.

20:00

Vinos en la Plaza de Miguel de Unamuno. Se acaban de cumplir 150 a√Īos de su nacimiento, por cierto. Un buen momento para reivindicar la figura de un tipo inteligente, serio, independiente y culto. Bilba√≠no sin par y vasco universal. Hay una exposici√≥n que merece la pena.

22:00

Cena en la Plaza Nueva. El Gure Toki es mi bar favorito. Excelente cangrejo en tempura y las croquetas caseras.

Muy recomendable también visitar el histórico Café Bilbao.

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Copa en el Bowie. O copas. Un garito fant√°stico con muy buena m√ļsica.

We can be heroes, just for one day.

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03:00 

Retirada de las tropas con San Mamés al fondo.

Pronto llegará otro día. Otra ciudad. Otra historia.

Otras 24 horas.

Buenas noches, Bilbao.

04:30

No me puedo dormir. Puto café.

 

 

El guardi√°n entre el centeno

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(La bonita ilustración del post es obra de Daniel Castro)



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16 de septiembre de 2014

Como el sol que se oculta en septiembre

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Supongo que ya nadie me explicar√° el origen de los huevos Benedictine. Ni me coger√° del brazo por las calles de oto√Īo como en esa portada de Bob Dylan. Nadie me llenar√° la cabeza de nombres de amigas y de nombres de novios de amigas y de nombres de amigas de amigas de amigas para que se me olviden a los pocos d√≠as. Y desaparecer√°n de mi vida los altramuces y conceptos como ‚Äúfobiabilidad‚ÄĚ.

Y volver√© a andar solo. Porque solo, solo de sin tilde, solo se anda a tu ritmo y no tienes que esperar a nadie. Y volver√© a nadar solo. Porque nadar es lo mismo que andar pero con una letra al rev√©s. Y, bueno, en el agua. Aunque hay un se√Īor muy pesado en mi piscina que insiste en andar en vez de nadar cuando compartimos calle por no s√© qu√© excusa de su rehabilitaci√≥n y una cadera rota.

La Ley de Murphy querr√° que coincidamos (t√ļ y yo; no el pobre se√Īor de la piscina y yo) alg√ļn jueves de finales de septiembre o a comienzos de octubre en la inauguraci√≥n de un restaurante et√≠ope o de una tienda de mecedoras de segunda mano o en la √ļltima hipsterada que se le ocurra a una agencia de comunicaci√≥n de nombre ingenioso. Y vendr√°s a saludarme y seguir√°s inexplicablemente morena y vendr√° a mi cabeza¬†Azul casi luz de la Costa Brava.¬†

Ella vino a mí brillando como el sol que se oculta en septiembre.

Y ser√° un desastre: dos personas atrapadas en un claustrof√≥bico ascensor de paredes invisibles. Y empezar√© a tartamudear y a hacer aspavientos con las manos, como si alguien hubiera prendido fuego a la manga de mi jersey. Y logorreico perdido disparar√© preguntas est√ļpidas. ¬ŅTe apuntaste al final a Crossfit? ¬ŅQu√© te pareci√≥ Boyhood? ¬ŅEncontraste un piso en la calle Piamonte? ¬ŅEstamos solos en la galaxia o acompa√Īados? Y se me pondr√° la boca seca como siempre se me pone en cuanto me agobio por algo de lo que soy el responsable.

E ir√© a la barra improvisada, con cajas de frutas a modo de estanter√≠a y ristras de bombillas por todos lados, como si estuvi√©ramos en una boda folk en el granero de una familia de Kentucky, y pedir√© una copa de vino blanco al camarero con tatuajes originales en el brazo, vestido de El Ganso, y que se parecer√° inquietantemente al barbas del anuncio de Trivago (¬Ņsoy yo o veo a este t√≠o por todos lados? ¬ŅEs, quiz√°, el hombre que hace todo en Espa√Īa?).

Y me beber√© la copa de vino, no tan fr√≠o como me gustar√≠a, casi de un trago, probar√© eso que parece salm√≥n y fingir√© re√≠rme con el comentario supuestamente ingenioso de ese espont√°neo que coge una brocheta de pollo teriyaki a la paciente camarera, algo novata a juzgar por la forma de manejar la bandeja, y que lleva oyendo tonter√≠as toda la noche mientras intenta ahorrar un poco de pasta en la empresa de catering de su hermana mayor para pagarse un vuelo en el puente de diciembre a Nueva York. Y de pronto sentir√© al mismo tiempo una tristeza inmensa y ganas de escuchar Time to pretend de MGMT, concretamente la estrofa: Let¬īs move to Paris, shoot some heroine and fuck with the stars.

Y, aunque sea algo que odie, aunque vaya contra mis principios m√°s sagrados, me acercar√© al DJ encargado de “amenizar la velada” (s√≠, hay gente que sigue diciendo velada) y se la pedir√© un momento, as√≠ por lo bajini y mirando de reojo, como si le estuviera pidiendo la respuesta a una pregunta de un examen de f√≠sica del colegio.

РNo puedo. Es muy 2008, tío.

– ¬ŅQu√©?

РQue esa canción. Que es muy de 2008. Que está muy pasada

Р…

Р…

– ¬ŅEn serio?

РSí, tío, en serio. No puedo

– ¬ŅPero te est√°s oyendo hablar ahora mismo?

РSí.

Y, en fin, desear√© salir disparado de ah√≠ y dejar a DJ Tiest√∂ atr√°s y largarme a mi casa subido en esa m√°quina que alcanzaba los 500hm/h que usaban Charlie Sheen y Nastassja Kinski¬†para escapar en Velocidad Terminal, un thriller noventero bastante absurdo que siempre me encant√≥ y en el que el malo era (spoiler) James Gandolfini, s√≠, el de Los Soprano, y llegar a mi casa, apagar el m√≥vil y ponerme a ver el √ļltimo cap√≠tulo de Broadchurch, pura droga dura, y que me encantar√≠a recomendarte pero a lo mejor piensas que de qu√© √°rbol se ha ca√≠do este cretino mand√°ndote un whatsapp para que veas una serie despu√©s de toda esta escenita lamentable.

As√≠ que saldr√© a la calle solo, solo de sin tilde, y pedir√© un caf√© solo, solo de sin tilde y solo de con tilde, en el bar m√°s cercano. Y pedir√© un segundo caf√©. Sonar√° Az√ļcar Moreno en Radio Ol√© de fondo. Todo muy 2002, pensar√©, parafraseando a mi amigo el DJ. Dudar√© un instante y me meter√© en Wikipedia en el iPhone para corroborar de qu√© a√Īo es ese single de Az√ļcar Moreno. Y, s√≠, Divina de la muerte es de 2002. Y ya podr√© morirme tranquilo.

Buscar√© un taxi, con el oto√Īo a la vuelta de la esquina ¬†y el viento susurr√°ndome “¬Ņqu√© hay de nuevo, viejo?“.

Y mirando por la ventanilla llegar√© a la extra√Īa conclusi√≥n de que a tu lado soy como poner de fondo a unas plantas coloridas y llenas de vida un disco de Nacho Vegas para que crezcan: la teor√≠a est√° bien, la pr√°ctica no.¬†No s√© Christina, yo, yo estoy de acuerdo contigo en teor√≠a, pero en teor√≠a funciona incluso el comunismo, en teor√≠a.¬†Y me atravesar√° la espantosa certeza de que soy yo. Que soy esa ex√≥tica chaqueta gambardelliana que me compr√© en un arrebato primaveral y que no pega con nada y que al final termino dejando colgada en el armario.

Y si esto fuera una pel√≠cula de cine negro, al llegar a casa me servir√≠a un par de dedos de whisky sacados de la mesa de mi despacho y abrir√≠a la ventana mientras se cuelan sirenas de polic√≠a, el rumor de un local de un jazz y el olor de los puestos de comida, pero ni yo soy Sam Spade ni esto es Los √Āngeles ni t√ļ tienes alas, as√≠ que sacar√© del frigor√≠fico leche semidesnatada, me tomar√© un par de galletas Dinosaurus, me pondr√© el √ļltimo disco de Counting Crows, que es una barbaridad de discazo, y leer√© un libro aleatorio hasta quedarme dormido con la luz encendida por miedo a que vengas a ajustar cuentas en mis sue√Īos.

Y volver√© a ir a nadar y el se√Īor que anda y no nada en mi piscina me ver√° pensativo en el banco de la piscina y me dir√°: No le des tantas vueltas, chico. Sea lo que sea, seguro que no es tan grave. Y me tocar√° amistosamente el hombro.

Y yo me sentiré culpable por haberle odiado en secreto.



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